miércoles, 4 de febrero de 2009

LO MEJOR




El tiempo no es sino el espacio entre nuestros recuerdos.
Henry F. Amiel (1821-1881)
Escritor suizo.

Siempre hay un momento en la infancia en el que se abre una puerta y deja entrar al futuro.
Graham Greene (1904-1991)
Novelista británico.



Este es el día, es real, no lo imaginé; o bueno… si, si lo imaginé, es más, lo soñé y lo mejor es que creo se va a materializar -como la mayoría de los sueños- sentenció mi lado más optimista. De inmediato hurgué en mi mochila roja, ese recipiente de mis caprichosos recuerdos; después de un fugaz recorrido por mis años, por fin encontré la fotografía que prometí llevar a la reunión.

Ya no habito en Neza, pero las raíces siempre afianzan, retienen, determinan. Ahora, más que nunca, nos obligan a regresar, a rendirle tributo al original punto de partida.

Nosotros, los de entonces ya no somos los mismos… Es tan corto el amor, es tan largo el olvido… Maestro Neruda, cuánta y tanta razón en sus saberes y en sus sabores.

Reprobé bimestres en Español, Ciencias naturales y Ciencias sociales, con Navarrete, Toral, y El Carnicero… obtuve uno de los más bajos promedios en mi vida escolar pero el más determinante conjunto de directrices que formaron mi particular proyecto de vida. Aprobé el examen de música interpretando a medias una melodía clásica con la no menos clásica flauta Yamaha; delineé trazos nerviosos en el Taller de Dibujo Técnico.

Por gritón, espero que no sólo por eso, fui solista en dos concursos de poesía coral (¡fusiles y bayonetas, ahogan en sangre a la libertad!); por mis raíces oaxaqueñas participé en el homenaje a Don Benito Juárez, en una representación con alumnos de todos los grupos. Recibí amenazas por aquello de la Carta de buena conducta, al final creo que sigue en la mochila roja, no sirvió nunca para nada más.

Al llegar al VIPS de Villada, los nervios estaban a todo lo que dan, un paso al frente o la graciosa huída y dar por teléfono un infantil pretexto, esas eran las alternativas, cual si fuera la primera cita en la adolescencia. La memoria suele ser tan exquisita como fatalmente dolorosa.

Di el paso, a eso iba, para eso me prepare por años.

Ahí estaban ya mis amigos, Jesús, el Diablo, el Cheroquee, Maribel, Elvira, Boche, Diana, mi comadre Gloria, Elvira de Jesús, Betty, King, Salvador… Los abrazos, las lágrimas, los suspiros, la certeza de que se puede volver a vivir, la más clara muestra de que existen instantes que en realidad, son para siempre… cursi pero inolvidable como un sincero recado de secundaria.

Poco a poco llegaron: el Wero ¡desde Monterrey! el looby del Vips simulaba una sala de llegadas nacionales en el aeropuerto, las cosas valen no por lo que son, sino por lo que significan. El desfile continuó: Claudio, Jorge, Villegas, Raúl, Cristina, Juan, Olea, Rosalba, Sandro; el grupo se fue reuniendo, ante las miradas y los comentarios curiosos de los presentes, algunos de mis amigos nos convidaron a sus familias, logrando con ello que esta comunidad se fortalezca.

Hurinda, ella siempre estuvo ahí… confirmando que uno no muere sino es con el olvido.

Desayunamos, charlamos, movimos las mesas, por fin encontramos acomodo, como en nuestras vidas o en la mayoría de ellas. Las fotos, los recuerdos, las preguntas indagatorias, el comportamiento casi adolescente (mío, lo acepto) platicamos de lo que se pudo, de lo que el tiempo permitió.

Dicen que lo único permanente es el cambio, aunque creo que hay cambios que nos hacen permanentes. Eso paso con mis amigos de secundaria, de la siempre heroica Tellpuchcalli, del mítico 3°A. De los ochentas, de ese 1985 en el que compartimos juntos el Sismo justo a las 7:19 de la mañana, justo en medio de nuestra clase de Educación Física, a pocos días de conocernos, creo que eso fue lo que nos fortaleció de tal manera que esta mañana, en nuestro primer gran reencuentro, nos notamos cada vez más fuertes, cada vez más juntos.

Los terremotos siempre acomodan.

Y pagamos la cuenta, los del VIPS respiraron aliviados, los comensales volteaban, quizá se preguntaban… y ese grupo de dónde será.

Diana y Bety se disculparon, tenían que atender compromisos. Se declararon listas para la que sigue. En marzo, seguramente en marzo.

La siguiente estación fue un clamor unánime: vamos a la escuela, para las fotos.

Recordé uno de esos cortejos fúnebres en los que se dice con mucha melancolía: si hubiera… Afortunadamente, no era así, mis amigos de secundaria y yo matamos esa posibilidad, nos encaminamos en caravana a nuestra amada Tellpuch. A reconocer la escenografía que enmarcó nuestra adolescencia.

Jesús y el Diablo, esa mancuerna tan conveniente, no sabemos cómo pero lograron el acceso por unos minutos.

Uno a uno fuimos pasando a nuestra Secu, reconocimos el salón de cada una de las materias que atinadamente nos formaron y nos deformaron; los talleres, rincones propicios para las tribus y las camarillas; recordamos el nombre y el mítico apelativo de nuestros maestros; atravesamos el patio central; empatamos nuestras nostalgias, nuestras historias, nuestras vidas.

Creo que ningún otro lugar en esa escuela merece ser cuna común de nuestros recuerdos, el salón de la histórica y legendaria Osa. Esta vez sin funda para la paleta, sin uñas recortadas, pelo acomodado y zapatos boleados, sin cuadernos forrados con hule cristal y sin espiral. Sin puntos menos por cada este; sin metano, etano, propano, butano, pentano, hexano, heptano, octano, nonano… ni enanos ni penanos. Esta vez sólo treintañeros con los ojos brillantes y brillosos.

Cada uno tomó su lugar, por equipo, orientados tan sólo por nuestros subconscientes, no obstante, a ciegas llegaríamos de cualquier modo. Extrañé a Selene y a Norma, mis grandiosas compañeras con las que compartí ese salón por dos años, uno de ellos sin cruzar ni una sola palabra, en aras de un conflicto y malentendido conflicto existencial de la adolescencia, esta vez las extrañé tanto como esos días.

Y tomaron más fotos, y hablamos, y planeamos y nos juramos que nunca más nos íbamos a separar. Este juramento fue en silencio, justo cuando todos al mismo tiempo callamos, como para traer en ese momento a los ausentes, porque… el silencio no es ausencia.

Nos despedimos, satisfechos por la misión cumplida, por la oportunidad aprovechada, fortalecidos por la coincidencia que inicio un día de septiembre hace veintitantos años.

Lo mejor, el haber reunido a más de la tercera parte del grupo.

Lo mejor, haber reconocido y recibido tantos abrazos y sonrisas en una sola mañana.

Lo mejor, saber que uno cuenta con otras personas y que otros cuentan contigo.

Lo mejor, lo mejor, lo mejor…

Lo mejor es saber que pronto nos volveremos a ver.

viernes, 30 de enero de 2009

OTRO AÑO AL FIN





La vida es un negocio en el que no se obtiene una ganancia que no vaya acompañada de una pérdida.
Arturo Graf (1848-1913)
Escritor y poeta italiano.

Si quieres comprender la palabra felicidad,
tienes que entenderla como recompensa y no como fin.
Antoine de Saint-Exupery (1900-1944)
Escritor francés.



El 24 y el 31 son los días buenos, aunque desde el 12 empieza la romería…

Esa frase era la constante anual; mis padres, mis hermanos y yo, solíamos tener esa esperanzadora programación para los días de venta en el tianguis o mercado acostumbrado. Surtir, prepararse, vender, esperar a los clientes regulares o a los compradores de ocasión… sólo después del pozole y las uvas de fin de año sabíamos si la lógica mercantil se había cumplido.

El primer día de enero se notaba en el puesto, si la mercancía seguía, si los bolsillos se medio llenaban o permanecían medio vacios. La regla contable del inventario inicial, de las compras, las ventas, el inventario final… sumas y restas que arrojaban entonces el suspiro restaurador motivo de una satisfacción temporal o bien la búsqueda de respuestas y explicaciones ante un resultado adverso.

Mientras tanto, los regalos pululaban, precediendo a los rostros cumplidores de la época. Los aguinaldos se transformaban en pagarés recuperados, en electrodomésticos con garantía de un año en tienda y por qué no, en alguna prenda para renovar el añejo vestuario.

No recuerdo un diciembre sin el clásico rótulo en calendarios y bolsas para acarrear el mandado: Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo les desea…

Dicen que los recuentos son una forma de recuperar los aprendizajes extraviados y confusos; los optimistas los ven como el inicio de un nuevo ciclo, dicen incluso que estos se deben cerrar, que las ganancias llegan producto del esfuerzo y que las pérdidas sólo son una forma extraña de aprender a ganar o por lo menos un aliciente para seguir en el intento.

Yo no sé de cierto, pero supongo que el balance de este 2008 será para cada uno de nosotros, un motivo y un referente; sólo sé, en mi caso, que se atendieron las llegadas, que se entendieron las partidas; en todo caso el mejor resultado hoy por hoy es continuar escribiendo la propia historia y actuando el más conveniente de los guiones.

Para todos ustedes, amigos míos, sólo queda agradecer el apoyo brindado, la esperanza compartida y los sueños acompañados.

Compramos, vendimos, pagamos, tenemos, somos, estamos.

Qué el 2009, venga como venga, nos permita iniciar un nuevo ciclo con la mercancía bien acomodada y el puesto bien puesto.

Qué lleguen las ganancias, qué se anoten las pérdidas, que el balance sea siempre favorable.

Un abrazo sincero y fraterno.

Utilizando a favor la gramática digamos en esta ocasión:

Otro año… ¡al fin!

¡Qué siga la romería!

lunes, 7 de julio de 2008

DE DIEZ




Si quieres aprender, enseña.
Marco Tulio Cicerón (106 AC-43 AC)
Escritor, orador y político romano.


Nunca he encontrado una persona tan ignorante
de la que no pueda aprender algo.
Galileo Galilei (1564-1642)
Físico y astrónomo italiano.



Un domingo de 1998 compré el clásico periódico de fin e inicio de semana, ese de muchas secciones desechables pero una especial, apta para desencantados con esperanzas renovadoras.
El Aviso de ocasión ofertaba empleos varios; auxiliar de… vendedor de… mis ojos avanzaban, cabe mencionar que en ese entonces, como ahora, tenía trabajo de jornada diurna, pero necesitaba alguno por las tardes; hiperactividad forzada y derivada de nuevas y permanentes necesidades de índole financiero.

Institución de prestigio, solicita pasante de carreras económico administrativas. Ahí me detuve… ¿para qué me querrán? -me pregunté- Profesor de negocios, fue la respuesta. ¿yo? –volví a cuestionar- No, no lo creo, fue la respuesta.

El pavor que me daba al hablar en público, la inexperiencia, el miedo sin más ni más; razones muchas para cambiar de página al llamado Aviso oportuno en busca de otro anuncio más adecuado para mis inconscientes intereses.

No existe lo bueno y lo malo, cualquier calificativo subjetivo se subordina a lo útil y utilitario en el frecuentemente olvidado Aquí y Ahora.

Ese día, antes de dormir, tomé el diario arrumbado y recorté de prisa, y sin pensarlo, el anuncio horas antes desdeñado. Voy a llamar, a ver qué sucede.

Una evaluación accidentada y muy apresurada fue el antecedente a mi siguiente aventura, un curso de preparación en plena época el Campeonato mundial del futbol, ahora recordado como Francia 1998. En un receso de mi curso de formación y deformación de docentes, alcance a mirar el gol épico del Cuauh en tierras europeas, el famoso Si se puede, enmarco el fin de mi fugaz principio en las labores académicas, ¡Vaya paradoja!

No me inicié como profesor de negocios, aún ahora creo que no lo soy ni lo seré; me asignaron cinco grupos en la para mi desconocida materia Introducción a la computación. De pronto me vi de saco y corbata esperando mi turno, un borrador, un plumón y una lista de asistencia; dos alumnos: Brenda y Miguel; dos adolescentes que me acompañaron en esa locura llamada Primer día de clases.

Diez años ya; ininterrumpidos; muchos y muy variados escenarios, miles de alumnos, muchos amigos entrañables, inolvidables anécdotas, múltiples aprendizajes.

Aunque parezca increíble, recuerdo el nombre y la historia de la mayoría de mis alumnos, todos unos personajes de mi particular guión de vida.

Las asignaturas evolucionaron, los niveles también, cursos de capacitación, talleres de adiestramiento, conferencias, ponencias, experiencias todas. Decenas de aulas, salones improvisados, lujosos auditorios, múltiples pisos tan difíciles de alcanzar y tan fáciles de perder.
Una constelación de instantes y detalles que alimentan el espíritu y dan razón a todo o casi todo de lo que soy.

Desde aquel 6 de julio de 1998, mi vida cambió, encontré rumbo, detoné mis miedos, descubrí una pasión y muchos de mis motivos. Acuñé e hice mía aquella tercia verbal: Creer, Crear y Croar.
Después de una década, no concibo mi vida de otra manera, creo firmemente en que el intercambio de ideas, sentimientos y conocimientos nos hacen mejores personas, que el arte de vivir y convivir se aprende y se enseña.
Enseñar es aprender dos veces.
De aquél curso de formación recuerdo sólo la frase y recomendación final: Sólo sean el tipo de maestro que siempre quisieron tener.
Eso intento todos los días.
Buen inicio de semana.

JNMH

sábado, 2 de febrero de 2008

DÍAS DE PAGO




Hay hombres que luchan un día y son buenos.
Hay otros que luchan un año y son mejores.
Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos.
Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles.
Bertolt Brecht (1898-1956)
Dramaturgo y poeta alemán.


Yo no sé quien fue mi abuelo;
me importa mucho más saber quien será su nieto
.
Abraham Lincoln (1808-1865)
Político estadounidense.




La fría mañana del pasado 2 de enero acudí presto a una cita, de esas memorables, de esas citables. Abrí la puerta de la casa paterna, saludé con un aire familiar, alcancé a escuchar:

- ¡Hijole!, y ahora cómo nos vamos a ir. Preguntó el Abuelo preocupado
- Tali nos va a llevar, respondió mi Papá ocupándose de la situación.

Entonces fue que los vi, de pie, listos, uno al lado del otro, saludé al Abuelo, aludiendo el ritual acostumbrado, con respeto, con aprecio, con admiración, con un leve ánimo festivo, la costumbre desde hace ya varios años es cobrar la pensión todos los días primero de cada mes, para ello se trasladaba desde su lugar de origen, desde su frecuente y literal punto de partida.

- ¡Viniste! Exclamó el Abuelo con su sonrisa inconfundible y su mirada a tono con el suceso; como siempre, como toda la vida.

- Si Abuelo, vamos por la limosnita. Respondí mientras le facilitaba el acceso al auto.

Limosnita; Así llamaba el abuelo a la cantidad que puntualmente le era depositada en su cuenta bancaria, esa que alcanzaba para sufragar todos y cada uno de sus gastos, de acuerdo a la programación que a conciencia determinaba cada mes.

Nos encaminamos, el Abuelo, mi Papá y yo, charlamos acerca de variados tópicos, política nacional, política local, el fin de año, el inicio de otro, los ciclos, las partidas, los nuevos escenarios, de todo lo que se pudo, de todo lo que nos acordamos. En la oficina de pensionados, firmó el acuse de recibo de su talón de pago, Don Jaime ocupó el lugar en la fila mientras el Abuelo y yo aguardamos en el auto, para cubrirnos del frío, para esperar nuestro turno.

Antes de salir de la oficina de pensionados del GDF, nos sentenció: tengo que venir el 6 de febrero a pasar Revista, si no me ven, ya no me pagan estos cab…

Fuimos al banco, lo invité a desayunar a mi casa, me otorgo tal privilegio, estuvimos un rato, reconociendo juntos, el nuevo escenario.

Vamos al centro, es enero, hay que comprar el Calendario del más Antiguo Galván. Era la siguiente estación del tour; como cada año, supusimos Don Jaime y yo. Hay que llevar al Jefe me pidió mi padre. Sin dudarlo, allá nos fuimos. Reconocimos el Zócalo, conocimos la pista de hielo más grande del mundo, eludimos grúas mordelonas al acecho, compramos tres calendarios. Uno me lo encargaron, otro para tu papá y uno para la casa, ordenó el Abuelo, Don Jaime, feliz, aceptó el obsequio de su Jefe.

Regresamos a la casa paterna, el Abuelo agradeció los traslados, al siguiente día partiría para Oaxaca, como cada mes desde hace varios años.

Los días subsecuentes transcurrieron lento, la rutina en la familia obligaba preguntas recurrentes, ¿cómo sigue el Abuelo?

Había caído en cama desde su regreso a las tierras de Juárez; doctores, curanderos, comadres, compadres, familiares, amigos, todos, muchos, procuraron bienestar para ese hombre de 87 años, en correspondencia con lo que él a lo largo de su vida ofreció a todos, a cada uno.

El 16 de enero mandó llamar a todos sus hijos, giró órdenes, peticiones, recomendaciones. Continuó poniendo en orden cada detalle de su vida, atendiendo la justicia repartió bienes y parabienes.

El sábado 19 viajé a Oaxaca, me despedí, le expresé mi gratitud, mi admiración, mi respeto, le deje claro que él constituye mi mejor raíz, que los apellidos ayudan, que las herencias genéticas son, en mi caso, las más valiosas. Me escuchó, me miró, habló poco, con dificultad, las señas, sin embargo, fueron exactas.

El domingo 20 me despedí, repetí cada uno de mis argumentos, le dije que las misiones cumplidas engrandecen y orientan a los que siguen. Le dí un abrazo, un beso en la frente, salí de su recámara, justo cuando iba a cruzar el umbral de la puerta me alcanzó a decir: nos vemos el 31, hay que ir por la limosnita.

Hoy, justo a las 7 de la mañana recordé: tendríamos que estar firmando en la oficina de pensiones. El Abuelo ya no está, falleció el jueves 24. Vinieron entonces los homenajes póstumos, los recuerdos fugaces, los hubieras, las guardias de honor, las flores, las veladoras, las visitas de ocasión.

Considero que las palabras en vida son más efectivas y gratificantes que las oraciones retroactivas. Ni hablar Abuelo, se le va a extrañar en el pase de Revista, pero se dice por ahí, que la muerte es sólo un cambio de misión.

Es obligatorio, dar frutos a las raíces.

Buen fin de semana.

Chau

sábado, 5 de enero de 2008

AMANTES INVENCIBLES

No debo más qué reconocer
Tus certeras señales, tu asombrosa paciencia
Para irte y luego volver
Con besos letales para mi necia inconciencia

A tu ritmo devolviste la fe
Hiciste trizas mi aparente experiencia
Y yo necio que no quisé creer
Qué sabia era tu dulce inocencia

En contrasentido de tu deber ser
De lo que otros llaman tu destino
Sin más ni más asumiste el poder
Tomaste de entre todos este obscuro camino

Eres princesa que se salva del trono
Una estrella que gravita distinto
La fuerza cósmica que me ha dado todo
Luna nueva para mi corazón peregrino

No tengo más que amarte sin limites
Sin aceptar que este amor es prohibido
Olvidar los añejos instantes tristes
Construir nuevos y mejores castillos

No debo más que volver a creer
Y crear juntos historias imposibles
Eres tú, mi razón de ser
Somos dos…
Locos, amantes invencibles.

jueves, 27 de diciembre de 2007

CAMBI - ARTE





Las personas cambian y generalmente se olvidan de comunicar dicho cambio a los demás.
Lilliam Hellman (1905-1984)
Dramaturga y guionista estadounidense.


Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos.
Eduardo Galeano (1940-?)
Escritor y periodista uruguayo.



Creo que merece ser renovada, ella está conmigo desde 1992; debo confesarlo, se ha ido en tres ocasiones, mismas que ha regresado a mi en las más extrañas circunstancias, es extraño como se extraña lo extraño. Dejar ir, es sin duda, la primera fase de la vuelta.



A finales de agosto de este, casi extinto, ciclo anual; tomé la decisión y ejecuté la partida; sin dolor, porque como dice una gran amiga, ese es opcional. Busqué, encontré, me instalé, con todo lo que soy, como soy, en un nuevo escenario.

Aquí vivo y si pago renta, es mi nuevo espacio; muy Jaime, según la apreciación de otra gran camarada del Clan 9, un enorme equipo en el que identifico a mis prójimos más próximos.

En otra ocasión explicaba a un sincero observador: Aquí todo tiene un significado, cada cuadro, cada libro, cada mueble, cada todo (sic)…. Dar valor a las cosas, no por lo que valen sino por lo que significan.

A esta casa trasladé todo lo que pude traerme de mis antiguos hogares, la solidaridad y el apoyo irrestricto de mis padres; la mirada fija, cercana pero al margen de mis hermanos, la calidez que da la pertenencia y la fortaleza que trasciende la identidad. Mis maletas no incluyeron, sin embargo, todo aquello digno de renovarse, de reinventarse, eso quedo en el pasado, en otros instantes que ahora sólo son recuerdos llenos de aprendizaje y experiencia.

Creo que he cambiado, creo que este año fue propicio para ser distinto por convicción y no por reacción. Los resultados no son precisamente definitivos, ni definitorios; habrá un corte de caja: superávit y déficit en distintos rubros y partidas (de todo tipo). El balance es favorable por el solo hecho de continuar por voluntad propia la travesía.



El mandato oficial obliga a cambiarla de inmediato, es prudente y necesario actualizar mis datos en el Registro Federal de Electores, comunicar al exterior que yo, como dice Neruda, el de entonces, ya no soy el mismo.

Aprovecharé estás vacaciones para realizar trámites que tengan que ver con el cambio de domicilio, me tomaré otra foto, asumiré la edad, me daré un vistazo y observaré como es ahora el nuevo lugar desde donde estoy jugando.

Para mis amigos, para quienes leen estas letras, deseo sinceramente un nuevo año lleno de misiones cumplidas, de propósitos recordados día a día. De cambios, de adaptaciones, de más cambios, de más ilusiones, de más sueños, de más realidades.

Todo cambia, todos cambiamos, va por mí y por todos mis compañeros.

¡Salud!

¡Feliz Navidad y un mejor, mejor 2008!

Buen fin de año


JNMH

jueves, 6 de diciembre de 2007

DISTANCIA - DOS





Cada uno tiene la edad de su corazón.
Alfred d' Houdetot (1799-1869)
Escritor francés.

Uno está enamorado cuando se da cuenta
de que otra persona es única.
Jorge Luis Borges (1899-1986)
Escritor argentino




Aprendí a temprana edad que el amor es un evento que en el mejor de los casos requiere de la concurrencia de por lo menos un par de individuos; uno no es ninguno y más de dos ya es un carnaval, pareciera ser una de esas frases típicas del Abuelo, pero esta vez no, sólo es un acomodo de palabras para justificar mi falta de ideas claras al respecto.

Me enamoro dos o tres veces al día, en sintonía con esas secuencias cotidianas que nos alimentan en cuerpo y alma, de esas rutinas que nos limpian y a veces, sólo a veces, nos renuevan.

Ante ese sentimiento he guardado distancia, el amor y yo somos in-creíbles, yo no creo en el amor, porque él nunca ha creído en mi, ¡vaya frase! De ardilla diría un buen amigo azulcrema, uno de esos que hoy por hoy, anhelan estar en la liguilla del fútbol mexicano.

- Gracias por todo, le dije con una retórica francamente imperfecta.
- Mañana paso a la casa por mis cosas; me respondió con un tono exacto, tranquilo, para mi sorpresa, muy, pero muy incólume.
- ¿Así, nada más? Pregunté sorprendido
- Si, así, nada más…

Decir adiós es la forma más segura y exacta de quedarse.

- Perdón, creo que exageré, no quiero que nos separemos, le expresé más tarde, bajando la guardia, cerrando los ojos.
- Yo tampoco. Si termináramos así, sería como si de verdad no existiera nada entre nosotros. Las mujeres maduran más rápido, dicen las que saben.

Y entonces llegaron las promesas, los empeños, las frases habituales, la secuencia de artilugios del amor. Y entonces ambos usamos los para siempre como trampolín, como escalera. Validamos los mientras tanto como paliativos, como pretextos.

Las distancias no son las de los años, los ceros a la izquierda, o los kilómetros. Las distancias que separan son las de los sueños, las ideas; esas apartan y delimitan las visiones en teoría compartidas.

Juntos, cada vez más juntos pero en direcciones distintas. En sentidos paralelos, secuenciados, en caminos de carriles bien marcados.

Tal vez ese es el mejor juego de las parejas, aprender a vivir y convivir, atendiendo siempre las sanas distancias.

Buen inicio de semana

JNMH